ignacio-poblete-274x300La bionanotecnología es una de las disciplinas dentro de la ciencia que mayor desarrollo ha registrado en las últimas décadas y los biopolímeros uno de sus productos revolucionarios. Prueba de esto es que incluso ha sido llamada “la Revolución Industrial del siglo XXI” e instituciones de todo el mundo realizan investigaciones con el fin de aplicar esta tecnología en distintos ámbitos.

La Universidad Andrés Bello no se ha quedado atrás en esta materia y cuenta con tres centros de excelencia que trabajan en las fronteras de la bionanotecnología, desarrollando conocimientos enfocados principalmente en el uso de esta técnica en terapias médicas.

Como un aporte a estas investigaciones, el Dr. Ignacio Poblete, investigador del Centro de Bioinformática y Biología Integrativa de la Universidad Andrés Bello, se encuentra actualmente trabajando en la creación de nuevos tipos de biopolímeros de encapsulamiento, los cuales se ajusten a las características de cada fármaco. Además, que sean más baratos de producir, biodegradables y basados en desechos orgánicos.

Desechos orgánicos como materia prima

Los biopolímeros son macromoléculas producidas por diferentes sistemas biológicos, que presentan propiedades físicas y mecánicas similares a los polímeros convencionales sintetizados a partir de derivados del petróleo. Actualmente los biopolímeros son utilizados para la producción industrial de films y envases de plásticos.

En los últimos años la ciencia ha visto en esta técnica la forma de crear biomateriales capaces de contener sustancias específicas y de degradarse al estar en contacto con un organismo vivo o a la exposición al ambiente. Características por las que se han utilizado en diversas aplicaciones médicas, agropecuarias y mineras.

No obstante, dados los avances logrados por la bionanotecnología y la expansión de sus aplicaciones, se hace necesario crear biopolímeros específicos capaces de adecuarse a las características de las sustancias encapsuladas y a los objetivos que persiguen.

En este sentido,  el Dr. Ignacio Poblete explicó que “trabajamos en base a una bacteria ambiental llamada Pseudomas putida, la cual es capaz de generar biopolímeros con características específicas, manejando  factores como el tipo de carbono que se le suministre, y la modificación de propiedades genéticas y ambientales”.

“Para esto, desarrollamos y aplicamos modelamiento matemático a escala genómica, el cual guía la ingeniería genética de nuestro microorganismo productor. Este sistema nos permite adecuar la red metabólica de la bacteria y generar los precursores químicos específicos para sintetizar un biopolímero con características especiales, es como un traje a la medida”, explicó el académico UNAB.

De la misma forma, el investigador del Centro de Bioinformática y Biología Integrativa agregó que  “este proceso posee elementos muy llamativos, como por ejemplo, se ocupan desechos orgánicos como materia prima y el biopolímero resultante no necesita recibir transformaciones químicas posteriores y sólo debe ser purificado luego de extraerse”.

Avances aplicables a la Medicina

En esta línea, el Dr. Ignacio Poblete agregó que esta investigación es de gran relevancia para el avance de la nanobiotecnología, ya que estos polímeros de origen bacteriano ofrecen ventajas comparativas por sobre los que actualmente se utilizan. “Se trata de elementos cuyo costo de producción los hacen viables para producirse a escala industrial, son biodegradables y además no producen rechazo por parte del sistema inmune, por lo que pueden ser utilizados para encapsular drogas para terapias contra enfermedades como cáncer, evitando síntomas adversos”.

En tanto, el académico de la Facultad de Ciencias Biológicas manifestó que con esta investigación “la Universidad Andrés Bello no sólo será capaz de generar tecnologías y sustancias bionanotecnológicas, sino que también podremos crear nuestros propios biopolímeros que se ajusten a la necesidad de cada rubro”.

En el mismo sentido el investigador destacó que “nuestro objetivo es crear biopolímeros a la medida. Es decir,  si un tratamiento requiere que la liberación de un fármaco se realice en seis horas, podemos fabricar un polímero que se ajuste a esa condición. Esto nos permitirá optimizar el uso de este sistema en las distintas áreas en las que se ocupa”.

Fuente: Facultades UNAB